«Nombre de pila, apellido, seudónimo»

                  ROSA NAVARRO FERNÁNDEZ

Comenzaré con una anécdota sucedida cuando preparaba este texto.

Recibo una llamada en la consulta de alguien que pide una cita. Se trata de una mujer francesa interesada en venir a hacer un análisis, alguien próximo a ella le ha dado mi nombre. Como es habitual acordamos día y hora de la cita, le doy mis datos y ella toma nota. Es al día siguiente cuando oigo su mensaje en el contestador: “soy la señora X, la llamé ayer, pero no nos entendimos bien, desearía cancelar la cita, de hecho, yo llamaba a alguien aquí en Francia y me equivoqué porque esa persona tiene el mismo nombre que usted”. ¡El mismo nombre que yo! ¡Increíble! Y lo más gracioso fue recordar inmediatamente un sueño del que todavía tenía grabadas imágenes precisas de la arquitectura del edificio en París donde tenía mi consulta. Estas imágenes eran tan poderosas que, durante un tiempo, en el momento de dormir y medio dormida, podía sentir realmente que tenía otra vida, la de una psicoanalista en París. Y lo que me hacía reír era la loca confirmación de mi otra vida, como prueba, la existencia en Francia de un doble real con el mismo nombre. Si esta sensación de vivir simultáneamente en dos lugares, de una doble existencia, no supone un delirio o una división esquizoide, responde a que uno es nombrado. Ser nombrados nos localiza en el espacio y nos da un lugar.

El nombre de pila que es la parte de nuestro nombre verdaderamente donada, cumple esta función de localización en un espacio sin límite. Cuando un niño es nombrado cobra un lugar en el espacio, su cuerpo ya no flota ni se le escapa. El don del nombre propio aloja al sujeto, hasta entonces dividido entre afuera y adentro, en un solo sitio. En consecuencia, el cuerpo como lugar de la pulsión y los síntomas permanece exterior, dado que las pulsiones invisten las cosas de afuera a causa de la represión originaria, de la cual depende la existencia del sujeto, quien sin embargo encuentra refugio en su nombre propio. Como dice Gérard Pommier en su libro sobre el nombre, tener un nombre es protegerse contra el afuera, contra el alma de las cosas. El sujeto ligado a su nombre reprime la pulsión que hace del cuerpo objeto. La identificación del sujeto por el nombre propio afirma la singularidad de quien así se llama, y simboliza entonces el goce pulsional.

Vemos como el don del nombre propio inicia un proceso de subjetivación. Es necesario que el niño sea nombrado para poder hablar, acto de reconocimiento del sujeto al ser llamado por un nombre, y él toma prestadas las palabras recibidas de quienes le dieron su nombre. Se trata pues de una cuestión de amor, si el deseo del Otro objetiva al sujeto, en cambio el amor encarna al Otro, lo personifica. Cuando una madre parlotea con su bebé dirigiéndose a él, ella lo reconoce y es por esto que su amor instala al sujeto. La lengua no se aprende, ella prende como intercambio de esta nominación subjetiva, se toman las palabras del Otro mediante el amor.

Aficionada a las series coreanas y ocupada con el nombre reparé en la infinidad de nombres propios respecto al escaso número de apellidos que se repiten frecuentemente. El nombre propio es elegido por los padres a partir de nombres comunes, el nombre quiere decir algo, es portador de un sentido para cada niño en particular, es el mensaje de un deseo, con alguna resonancia por el solo hecho de haberlo recibido como don del Otro. Incluso existen creadores de nombres propios a quienes los padres se dirigen para hacer una especial elección.

Cuando el nombre propio dado a un niño es el mismo que el de un hermano muerto, esto puede remitir a un duelo no realizado, como en el caso de Van Gogh, nacido el mismo día en que su hermano murió un año antes. La elección del mismo nombre para el segundo no le da un lugar de afirmación en la particularidad de su propia existencia, sino de alienación, es el nombre de otro que está muerto. Así pues, su lugar de inscripción en el campo del Otro es el de una sustitución, cosa que explicita la negación del duelo, negación del carácter irreemplazable del niño perdido. ¿Qué pasa entonces en el estadio del espejo, si como dice G.Pommier: “el niño jubila ante su imagen en el momento en que es nombrado”? Podemos entender que el ser nombrado implica no solo reconocerse en la imagen y ser reconocido en la mirada del Otro, sino también reconocerse como un sujeto con una identidad singular ratificada por el Otro. Algo que parece haber estado ausente en el caso de Van Gogh, por lo tanto, también ha faltado a su cita la aceptación de la imagen narcisista y el júbilo de no ser un objeto. Massimo Recalcati habla de la desconexión, en la melancolía, del cuerpo real y su imagen narcisista, añadiendo que el cuerpo que pierde su imagen deviene peso, cosa muerta, un deshecho.

Otras veces el nombre propio puede ser elegido para honorar una persona significativa para los padres. En el caso de una analizante, los padres han elegido para ella el mismo nombre de una amiga de ellos, quien les había presentado, gracias a ella se conocieron y se enamoraron. La analizante habla en sesión de una repetición de destino, en la adolescencia solía fijarse en un chico por haber atraído su atención y haberle gustado. La repetición era que a su mejor amiga acababa gustándole el mismo chico, aunque ella hubiera guardado su amor en secreto. ¿Qué sucedía acto seguido? El chico declaraba su amor a la amiga de la analizante. ¿Gracias a ella entonces se gustaban? Años más tarde en una conversación familiar, se entera de que le pusieron el mismo nombre de la amiga gracias a la cual sus padres se conocieron, pero, como todo en la familia, siempre hay algo más, un añadido final, resulta que dicha amiga se apellidaba igual que el padre de la analizante, es decir comparten el mismo nombre y apellido. Este añadido final es portador de lo reprimido inconsciente, y vemos el retorno de lo reprimido bajo la forma de repetición. El nombre propio juega en el espacio exogámico, donde ella puede encontrar un hombre a quien amar, capaz de tomar el lugar de un padre, en cambio el apellido reenvía a lo endogámico, al deseo del padre, incesto y castración.

Recuerdo a una joven analizante y la escena que le hacía pasar una vergüenza angustiante cada vez que un profesor pasaba lista en clase y tenían que ponerse en pie de uno en uno para confirmar su presencia. En este caso, el problema no era tanto el nombre sino el apellido, el cual era el nombre de un animal muy corriente. Sin embargo, lo peor no era su significado común, sino lo que quería decir en argot, una grosera referencia a los órganos genitales femeninos. Este apellido parece provenir del apodo dado a quienes tenían algún tipo de relación con el animal, diremos totémico. Además, a este animal se le atribuye el hecho de ser muy prolífico. Podemos entrever la orientación sexualizada marcada por genital femenino y prolífico. Es una vergüenza sexual y angustiante provocada por el nombre del padre, pues tiene un sentido demasiado sexual e incestuoso. Es preciso señalar que, en esta escena de vergüenza al llamado del nombre, lo que se hace presente y presencia, en el momento de ponerse de pie, es su cuerpo, un cuerpo que despierta del olvido y que reacciona con todo el cortejo de signos de la vergüenza. El hecho de que le sobrevenga en el medio social, exogámico y no familiar, le ha permitido hablar de su vergüenza, pero también de los chicos a los que gustar.

Acabaré, en relación al seudónimo, con mi inocente sorpresa al descubrir que el nombre de uno de los poetas de mi adolescencia no era su verdadero nombre sino un nombre inventado. Hablo de Pablo Neruda, seudónimo que ha tomado, gracias a sus poemas de amor, consistencia como el cuerpo carnal de un amante portador de un nombre real. Siendo un adolescente de 16 años publica en un periódico, con la ayuda de su tío, un poema titulado “Hombre”, y firmado Pablo Neruda, enmascarando su identidad a causa del agudo rechazo de su padre hacia escritores y poetas, pero también porque su verdadero nombre le parece impropio para nombrarse y nombrar su obra. Que esto lo haga con su poema “Hombre” indica una cierta función del nombre, separación de los padres y darse existencia en el mundo social, al nombrarse “hombre y poeta”.

Reus agosto 2021