La via-voz pronominal – La voie(x) pronominale

François Morel

¿Existe otra vía que la de los Nombres en el inconsciente? 

La manera en que se concibe la gramática parece extrañamente dócil al orden político. Si la gramática establece una relación casi feudal del sujeto hacia el nombre, ¿no podemos pensar la construcción del sujeto desde un paradigma más liberal? 

Vamos a tratar de mostrar que la vía pronominal, elidida en un primer tiempo en Lacan, vuelve a surgir, aunque no asumida como tal, en el inconsciente lógico, cuando el psicoanalista desplaza el inconsciente lingüístico de Saussure y Jakobson.   

El sistema significante, Nombre-del-Padre, nombre propio, nombres de los ideales, significantes maestros que avasallan al sujeto, no constituye  todo el discurso sino una de las partes del discurso.

¿Pero, no borra otras partes del discurso esta parte del discurso nominal, es decir,  del discurso inconsciente destacado particularmente por la clínica del significante? En efecto,   esta parte no constituye todo el lenguaje. ¿Y por ende, este borramiento no remite a otra dimensión del  inconsciente que ubica  estas partes borradas y olvidadas del discurso?  Es en este sentido  que vamos a cuestionar la vía pronominal. ¿Si existe un sujeto de la nominación en el inconsciente, existe también un sujeto pronominal? 

En efecto, los pronombres conforman una de las partes del discurso que no queda resumida en su dimensión significante. ¿Por qué? Porque abren o cierran el espacio de la interlocución y de la enunciación, sin el cual la dimensión significante no existiría.  

¿ Es posible articular varios tiempos de la enunciación? 

1. El tiempo del surgimiento de la voz, con un sujeto en sus inicios que  llega al ser de la presencia sensible como lo es  el grito de un bebé, o quizás, una voz que se oye y que indica la presencia sensible de un ser  esto si lo entiendo la presencia sensible de un ser que habla. 

2. El tiempo de la significantización (reducción en relaciones significantes)  de esta enunciación de la voz.  En el caso del bebé : Ah mi bebé, ¿tienes hambre, no hiciste tu eructo, o quizás estás todo mojado? En el otro caso: ¿Qué dice usted? Ah sí, la hora, bien, son las 11 y 28, ¡que pase un buen día! 

3.El tiempo del borramiento del decir, cuando se entendió, que a partir de ese momento, el sujeto que podría decirse en bruto, pronominal, se vuelve nominal, y parece desaparecer en la articulación significante, para llegar a ser ese significante de la eterna ausencia en el orden significante por el que desaparecerá no siendo más, únicamente siendo representado. Este sujeto pasó del ser al de-ser, y ya no lleva en sí,  la diferencia ontológica, se encuentra caído en el allá del orden significante, lo que hace de él un ente que no tiene tanta relación  como el  Dasein con la cuestión del ser, pero se constituye como un ente que, por lo contrario, se vuelve particularmente productor del olvido de su ser. 

Este ser olvidado es el ser pronominal, lo que debe entenderse como un ser presente, una sustancia del ser antes de que el nombre la reduzca a nada y la transforme en de-ser. Este nuevo sujeto que desaparece, subvertido, sin voz, a quien el significante atribuye cualidades nominales, se borra, se olvida, se hinca de rodillas ante el nombre para prestarle obediencia.   

Del sujeto del significante, ubicado abajo, tachado, sólo queda su representación por un significante para otro significante, ha quedado borrada su sustancia propia. Desde la gramática de Port Royal, el pronombre es vicario del nombre o su sustituto, y su función se reduce a este valor de vicaríedad. 

La apelación gramatical de “sujeto”, lugar que ocupa generalmente los pronombres personales, traduce su sumisión a los nombres que organizan el resto de la frase, y las partes del discurso que son los pronombres en su relación con los nombres, se adhieren de hecho a la estructura política del avasallamiento7. Vínculo entre gramática y política, el rito de la adhesión del sujeto a su soberano y el sentido gramatical de estar atado, ligado, alienado al Otro se percibe particularmente bien en español con el verbo sujetar, que quiere decir asir, someter o más simplemente amarrar .

Pero cuando significamos este avasallamiento del sujeto, la estructura que describimos, ¿es una ley del lenguaje, una ley de acero propia de una estructura que nos sobrepasa, una ley que sería como una ley física del sujeto o es consecuentemente el efecto de la internalización de leyes de la Ciudad? 

Reformulamos, ¿esta “impresión estructural”, este aspecto “natural”, lógico, inconsciente de las leyes de la expresión que configura relaciones de borramiento y de jerarquización de las partes del discurso entre ellas, no resulta de procesos históricamente movientes y por ende movilizables, cuestionables, reinterpretables en análisis? 

Varios elementos caminan en este sentido. 

En análisis, los momentos de surgimiento del sujeto cuando  este se desprende de una identificación ideal, o aun cuando enuncia  un fantasma inconsciente, es el discurso el que establece este acto. En este acto del discurso, el pronombre rechaza al Nombre , aunque sea brevemente, ya que este  rechazo no se mantiene, aún se olvida, para volver a la obediencia sometida a otro Nombre.  

El candidato a ser analista, el analizante,  en análisis, es aquel que atraviesa su fantasma,  dicha travesía se encuentra marcada por una modificación pronominal, pasar del él/ella del objeto del fantasma al yo que se reconoce justo en la exclusión de donde él viene, y posteriormente,  brindar la obediencia debida al Campo freudiano, Freud, Lacan, Miller, Freud, Lacan, Miller, Lacan, Miller, Miller, Miller…

El filósofo Martin Rueff basándose en Jacques Rancière, subraya una referencia a la política. En el 68, el paso al  “él” de Cohn-Bendit, figura célebre de los acontecimientos de mayo del 68,  fue manifestado ante su expulsión del espacio de interlocución dado que  fue expulsado a Alemania. Esta expulsion posibilitó  su retorno triunfal en el lenguaje que atraviesa la frontera franco-alemana, con, en este eslogan, una reapropiación pronominal célebre: “todos somos judíos alemanes”. 

 Aún en política pero bajo la forma de una subjetivación profundamente inscripta, el Discurso capitalista es también una emergencia llamativa (enunciativa) del modo pronominal, en la que el sujeto, por haberse transformado en  yo-empresario, soslaya la castración y somete al lenguaje transformándolo en máquina de producción de sus objetos de goce.     

Veamos lo anterior desde el  psicoanálisis y la  política. Conocemos la crítica dirigida a la ego-psicología, heredera de Freud, en los Estados Unidos. Esta se hace claramente en detrimento del sujeto entendido como sujeto del significante. 

 La ego-psicología pone en juego al “yo”, un pronombre, al mando. No el Yo, sino el “yo”. La dimensión deíctica de yo y no del yo,  la cual es su forma sustantivada no es borrada por  la ego-psicología como puede serlo en el enfoque lacaniano. Este yo, reconocido al mando de la interlocución, se traduce en las curas por un borramiento del sujeto del significante, lo que denuncia no sin razón Lacan: el espacio de la cura ego-psicológica inscripto exclusivamente en un aquí y ahora, olvida la dimensión simbólica y mítica del inconsciente llevada por el orden significante.

 Pero, contra la ego-psiquiatría, Lacan se ubica en las filas hegelianas de la crítica de la certidumbre sensible que transforma con una transacción pronominal los deícticos “aquí” y “ahora” en sustantivo, construyendo así la negación llevada sobre la cosa13como forma universal del Espíritu.  

Sin embargo, “aquí’’ y “ahora”, como los pronombres personales son deícticos. ¿Qué son los deícticos?

 Para Benveniste, los deícticos, forman la parte del discurso que genera el espacio de la interlocución. Constituyen una parte olvidada del discurso, borrada en “lo que se escucha de lo que se dice”. “Lo que se escucha de lo que se dice”, nos dice Lacan, es lo que hace olvidar “que se diga”. La cita completa es: “Que se diga queda olvidado detrás de lo que se escucha de lo que se dice”.

Lo “que se diga”, empero,  que “permanece olvidado” es pronominal. Es deíctico y no nominal.

La enunciación “Que se diga”  es acto de lenguaje y entonces uno de sus aspectos performativos. 

Este decir ’“olvidado”, es el núcleo de la tesis de Austin en Cuando decir es hacer: en  “lo que se escucha de lo que se dice“, escucho significados, verdades, verdaderos o falsos. Pero más allá, en el “detrás“, dejo de olvidar y reconozco al decir como acto.

Dimensión olvidada, entonces, del acto en la menor palabra proferida. Dimensión olvidada que olvida que, “decir, también es hacer”. El sujeto que emerge entonces ya no es el de la castración sino el del goce. Entre esos “decir-hacer” que son los actos, se encuentra el acto sexual. Acto sexual real y no relación simbólica. No existe acto sexual sin función deíctica, llevada por la enunciación lingüística o la del cuerpo. 

La vía-voz pronominal abre el espacio de la alteridad. Esta alteridad abre a una multiplicidad de nombres de la modernidad, los de los actuares sexuales, como hétero u homo o bi, cis o trans, etc.

La vía-voz pronominal, vía-voz olvidada, no lleva el sujeto de la castración sino de su goce, ya sea que se manifieste en su aspecto silencioso de vergüenza en el sujeto sometido al discurso del Amo, ya sea por lo contrario en el orgullo del acto de emergencia en la cura analítica, o aún de emancipación, pride, gay, bi o trans o hétero u otras fluideces.

Como lo hemos dicho, los deícticos son los puntos de paso de una subjetivación política a otra, a partir  de lo cual los franqueamientos de discurso pueden operarse.

No olvidemos tampoco que “todo” y “no-todo”, los cuantificadores de la sexuación, tomados en el lenguaje son también ellos deícticos: indican una separación indecisa entre gramática del lenguaje y gramática lógica y hoy por hoy una separación indecisa entre entre gramática y política. El inconsciente no se resume a lo nominal.